De desayuno, almuerzo, de postre, en ensaladas… El queso, en sus más de 2000 tipos, tiene fans o “turófilos” en todo el mundo.

El queso es una forma de conservar la leche. Debido a la estacionalidad de esta y a su fragilidad, los productores se vieron obligados a buscar formas de conservar sus elementos esenciales. Lo más probable es que los primeros quesos se elaboraran aplicando sal y presión, antes de usar fermentos por primera vez.

Pero ¿cuándo surge?

Aunque no se puede saber exactamente cuándo se elaboró el primer queso, se sabe que fue entre el año 8000 a. C y el 3000 a. C, cuando los humanos empezaron a domesticar animales. Se cree, aunque esto es una leyenda, que fue un comerciante árabe el que, por accidente, un día de viaje a caballo de mucho calor, descubrió el queso. La leche que llevaba en su bolsa hecha a partir del estómago de cordero se había separado en una parte sólida y una líquida, el suero, al final del día.

Los antiguos griegos ya eran verdaderos amantes del queso, dándole un halo de divinidad, pero fue la expansión del Imperio Romano lo que hizo que las técnicas de transformación quesera se expandieran por gran parte de Europa.  Durante los siguientes siglos los diferentes queseros han dado con gran variedad de técnicas que producen quesos con mucha diversidad de sabores, texturas, intensidades y aromas que hacen las delicias de los que somos amantes del queso.